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    Shadow AI en la empresa: cómo controlar el uso de IA por los empleados

    Por SYRA360Publicado: 25 de agosto de 202612 min de lectura
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    La inteligencia artificial ya está siendo utilizada en las empresas, incluso en aquellas que todavía no han aprobado ninguna herramienta de forma oficial. Los empleados recurren a ChatGPT, Gemini, Copilot, Claude y otras aplicaciones para redactar documentos, resumir informes, analizar información, preparar presentaciones, traducir textos o responder correos electrónicos. También utilizan funciones de inteligencia artificial incorporadas en programas que la empresa ya tiene contratados. El problema no es que los profesionales quieran trabajar más rápido. El problema aparece cuando la organización no sabe qué herramientas se están utilizando, qué información se introduce en ellas ni qué resultados están influyendo en las decisiones empresariales. Esta utilización de inteligencia artificial fuera de los mecanismos de conocimiento, evaluación o supervisión de la empresa se conoce como Shadow AI. Y puede estar ocurriendo ahora mismo en su organización.

    ¿Qué es el Shadow AI?

    El término Shadow AI hace referencia al uso de herramientas, sistemas o funciones de inteligencia artificial dentro de una organización sin que exista un conocimiento, una evaluación o un control suficiente por parte de la empresa.

    El ejemplo más evidente es un empleado que utiliza una cuenta personal de una aplicación de IA para realizar una tarea profesional. Sin embargo, el problema es bastante más amplio. También puede existir Shadow AI cuando:

  1. Un trabajador introduce información empresarial en un chatbot sin saber cómo será tratada.
  2. Un departamento contrata directamente una aplicación de IA sin comunicarlo al resto de la organización.
  3. Se instala una extensión de navegador con funciones de inteligencia artificial.
  4. Una aplicación corporativa activa nuevas funcionalidades de IA de manera automática.
  5. Un empleado conecta una herramienta externa con el correo, el calendario o los archivos de la empresa.
  6. Se generan informes, evaluaciones o recomendaciones mediante IA sin verificar sus resultados.
  7. Se utiliza una herramienta autorizada para finalidades o con datos que la empresa no ha aprobado.
  8. Por tanto, Shadow AI no significa únicamente utilizar una herramienta prohibida. También puede producirse dentro de aplicaciones autorizadas cuando la organización no controla cómo se emplean, qué datos reciben o qué decisiones se apoyan en sus resultados.

    IBM define el Shadow AI como el uso de herramientas o aplicaciones de IA sin aprobación o supervisión formal, y advierte de sus consecuencias en seguridad de la información, cumplimiento y reputación (ibm.com/think/topics/shadow-ai).

    Aprobar una herramienta de IA no elimina el riesgo

    Muchas empresas creen que pueden resolver el problema seleccionando una única aplicación corporativa y prohibiendo todas las demás. Es un primer paso, pero no es suficiente.

    Una herramienta aprobada puede seguir generando riesgos si los empleados introducen en ella datos personales, información de clientes, contratos, estrategias comerciales, documentación interna, expedientes, credenciales, código fuente o información confidencial.

    También es necesario comprobar:

  9. Qué datos puede utilizar cada departamento.
  10. Para qué tareas está autorizada la herramienta.
  11. Si las conversaciones o archivos quedan almacenados.
  12. Si la información puede utilizarse para entrenar modelos.
  13. Dónde se procesan los datos y qué terceros intervienen.
  14. Qué permisos tiene una aplicación conectada.
  15. Quién debe revisar el contenido generado.
  16. Qué decisiones nunca deben delegarse en un sistema de IA.
  17. La pregunta no debería limitarse a "¿hemos autorizado ChatGPT?". La pregunta correcta es: ¿sabemos cómo se está utilizando la inteligencia artificial en toda la organización?

    ¿Cómo saber qué herramientas de IA utilizan mis empleados?

    Para conocer la exposición real no basta con enviar una circular preguntando quién utiliza IA. El objetivo debe ser crear un inventario de herramientas y usos de IA que permita responder, como mínimo, a cinco cuestiones: qué herramientas se utilizan, quién las utiliza y en qué departamento, para qué tareas, qué información se introduce y qué efecto tienen sus resultados sobre clientes, empleados o decisiones empresariales.

    Este inventario debe incluir tanto las aplicaciones contratadas por la empresa como las cuentas personales, versiones gratuitas, extensiones, integraciones y funciones de IA incorporadas en otros programas.

    1. Consultar a los departamentos

    Dirección, recursos humanos, administración, marketing, ventas, atención al cliente, operaciones, seguridad y asesoría jurídica pueden estar utilizando la IA de maneras muy distintas. Una pregunta genérica suele producir respuestas incompletas: es más eficaz preguntar por actividades concretas.

  18. ¿Utiliza alguna herramienta para redactar o corregir documentos?
  19. ¿Resume informes, reuniones o contratos mediante IA?
  20. ¿Introduce datos de clientes o empleados?
  21. ¿Genera imágenes, vídeos o presentaciones?
  22. ¿Analiza currículos, riesgos, incidencias o información comercial?
  23. ¿Ha conectado alguna aplicación con su correo, calendario o almacenamiento corporativo?
  24. ¿Utiliza una cuenta personal para realizar tareas profesionales?
  25. 2. Revisar aplicaciones, extensiones e integraciones

    Muchas herramientas de productividad, diseño, selección de personal, gestión de clientes, videoconferencia, transcripción o análisis documental incorporan hoy funciones de IA que pueden estar activas dentro de aplicaciones que la empresa ya considera seguras.

    También deben revisarse las extensiones de navegador y las autorizaciones concedidas mediante cuentas corporativas: algunas aplicaciones pueden tener permisos de acceso al correo, documentos, contactos o calendarios. Microsoft plantea la detección del Shadow AI como un proceso de visibilidad sobre las aplicaciones utilizadas y de prevención de fugas de información hacia herramientas no controladas (learn.microsoft.com/purview).

    3. Analizar qué información se introduce

    La misma aplicación puede tener un nivel de exposición muy diferente según la información que reciba. No es igual pedir ideas generales para una campaña que cargar bases de datos de clientes, nóminas, contratos pendientes de firma, informes de seguridad, planos o protocolos, datos financieros, expedientes médicos, investigaciones internas o secretos empresariales.

    El análisis debe relacionar cada herramienta con los datos, la finalidad y el contexto en el que se utiliza. Es la misma lógica que aplicamos en un análisis de riesgos empresariales.

    4. Identificar a los usuarios intensivos

    Un grupo reducido de empleados puede utilizar numerosas herramientas, probar nuevas funciones o conectar aplicaciones con información corporativa. Estos usuarios intensivos no deben considerarse automáticamente una amenaza: con frecuencia son quienes antes identifican oportunidades de mejora. La respuesta adecuada no es sancionar la iniciativa, sino incorporarlos al diagnóstico y ofrecerles herramientas seguras y procedimientos claros.

    Principales riesgos del Shadow AI para una empresa

    Pérdida de confidencialidad

    Un empleado puede copiar en una herramienta externa información que nunca debería salir del entorno corporativo. Aunque no exista intención de causar perjuicio, el dato ya puede haber sido transmitido a un tercero o almacenado fuera del control de la organización.

    Protección de datos personales

    Cuando una herramienta de IA recibe nombres, correos, historiales, imágenes, grabaciones, currículos o evaluaciones, puede producirse un tratamiento de datos personales. Usar IA no elimina las obligaciones de licitud, finalidad, minimización, seguridad e información a las personas afectadas. La AEPD recuerda que la IA generativa se basa en un uso intensivo de datos y recomienda conocer los riesgos antes de compartir información con estas herramientas.

    Errores incorporados a procesos empresariales

    Una respuesta generada por IA puede parecer convincente y contener información falsa, incompleta o desactualizada. Sin supervisión humana, ese contenido puede terminar en una oferta comercial, un contrato, un informe o una comunicación a un cliente. El riesgo no está solo en la herramienta, sino en la confianza depositada en su resultado.

    Decisiones sin trazabilidad

    Cuando los empleados utilizan sistemas diferentes y no documentan su intervención, la empresa puede ser incapaz de explicar cómo se generó un informe o qué información influyó en una decisión. Esa falta de trazabilidad dificulta la revisión de errores, la atención de reclamaciones y la asignación de responsabilidades.

    Dependencia de proveedores no evaluados

    No todas las aplicaciones ofrecen las mismas garantías contractuales, técnicas o de privacidad. Antes de autorizar una herramienta conviene conocer las condiciones del servicio, la ubicación y conservación de los datos, las medidas de seguridad, la intervención de terceros y las opciones de configuración disponibles.

    Riesgo reputacional

    Una comunicación incorrecta, una imagen generada de forma inadecuada o una decisión basada en información falsa puede afectar directamente a la confianza de clientes, empleados y colaboradores. En determinados sectores, el daño reputacional supera ampliamente el coste inicial del incidente.

    Cómo controlar el uso de IA por empleados

    Controlar no significa prohibir indiscriminadamente. Significa transformar un uso invisible y desordenado en una capacidad empresarial conocida, evaluada y supervisada.

    Fase 1. Diagnóstico inicial

    La empresa debe conocer su situación real antes de redactar una política. El diagnóstico debe identificar herramientas utilizadas, departamentos y perfiles usuarios, finalidades, datos introducidos, integraciones activas, proveedores implicados, procesos afectados, nivel de supervisión humana y riesgos legales, operativos, de seguridad y reputacionales. El resultado no es una lista genérica de riesgos, sino un mapa del uso real de la IA. Puede empezar con nuestro diagnóstico de seguridad.

    Fase 2. Inventario de herramientas de IA

    Cada sistema localizado debería quedar registrado con información suficiente para decidir:

  26. Nombre de la herramienta y proveedor.
  27. Departamento usuario y responsable interno.
  28. Finalidad empresarial.
  29. Categorías de datos utilizadas y personas afectadas.
  30. Integraciones, permisos y condiciones de almacenamiento.
  31. Nivel de riesgo y estado: autorizado, condicionado, en evaluación o no autorizado.
  32. Medidas de control y fecha de la última revisión.
  33. El inventario no debe ser un documento estático: las aplicaciones cambian, incorporan funciones y modifican sus condiciones.

    Fase 3. Política interna de uso de la IA

    La política debe explicar de forma comprensible qué herramientas pueden utilizarse, qué usos están permitidos, qué información no debe introducirse, qué tareas requieren autorización previa, cuándo es obligatoria la revisión humana, cómo verificar las respuestas, cómo comunicar una nueva herramienta y qué hacer ante un error o una posible exposición de información.

    Una política demasiado genérica tendrá poca utilidad. Una política excesivamente restrictiva puede provocar que los empleados oculten el uso de la IA o recurran a cuentas personales.

    Fase 4. Formación y alfabetización en IA

    Entregar una política no garantiza que los empleados sepan aplicarla. La formación debe adaptarse al trabajo real de cada colectivo y ayudar a reconocer cuándo se está utilizando un sistema de IA, qué información no debe compartirse, cuáles son sus limitaciones, cómo verificar respuestas y cómo mantener la supervisión humana.

    El artículo 4 del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial exige a proveedores y responsables del despliegue adoptar medidas de alfabetización en IA para las personas que utilizan estos sistemas en su nombre. En el Aula Virtual estructuramos esa formación por perfiles y niveles.

    Fase 5. Evaluación de proveedores

    Antes de aprobar una herramienta conviene revisar condiciones contractuales, política de privacidad, uso de los datos introducidos, conservación y eliminación, ubicación del tratamiento, subencargados, medidas de seguridad, gestión de accesos, registro de actividad, notificación de incidentes, posibilidad de impedir el entrenamiento con datos propios y funciones de administración empresarial. La evaluación debe ser proporcional al riesgo.

    Fase 6. Supervisión y revisión periódica

    La gobernanza de IA no finaliza al aprobar una política. La organización debe revisar nuevas herramientas, cambios en los proveedores, usos no previstos, permisos concedidos e incidentes detectados, y ofrecer un canal sencillo para solicitar la evaluación de una aplicación sin convertirlo en una barrera burocrática.

    ¿Es recomendable prohibir ChatGPT y otras herramientas?

    Una prohibición general puede parecer la respuesta más sencilla, pero no siempre es la más eficaz. Si una herramienta resuelve una necesidad real y la empresa no ofrece alternativa, algunos empleados seguirán utilizándola mediante cuentas o dispositivos fuera de la visibilidad corporativa.

    Esto no significa que todas las herramientas deban autorizarse: algunos usos tendrán que limitarse o prohibirse por su nivel de riesgo. La estrategia más eficaz consiste en identificar las necesidades reales, evaluar las herramientas disponibles, autorizar opciones adecuadas, definir usos y datos permitidos, formar a los usuarios y supervisar su utilización. El objetivo no es impedir la innovación, sino hacer posible una innovación controlada.

    ¿Quién debe responsabilizarse de la gobernanza de la IA?

    La dirección debe impulsar el modelo y establecer el nivel de riesgo asumible. El control de la IA no debería recaer exclusivamente en informática: según los casos será necesario incorporar a tecnología, seguridad, protección de datos, asesoría jurídica, recursos humanos, cumplimiento y responsables de los departamentos usuarios.

    Las pymes no necesitan crear una gran estructura. Pueden designar responsables, establecer un procedimiento de autorización y documentar las decisiones de manera proporcionada. Lo importante es que exista una responsabilidad definida y que las decisiones no queden dispersas.

    Diez preguntas para detectar Shadow AI en su empresa

  34. ¿Sabemos qué herramientas de IA utilizan nuestros empleados?
  35. ¿Disponemos de un inventario actualizado?
  36. ¿Conocemos qué datos se introducen en cada aplicación?
  37. ¿Se utilizan cuentas personales para tareas profesionales?
  38. ¿Hemos revisado las extensiones e integraciones autorizadas?
  39. ¿Existen reglas distintas según el departamento y el tipo de información?
  40. ¿Los empleados saben qué usos están permitidos?
  41. ¿Revisamos a los proveedores antes de autorizar sus herramientas?
  42. ¿Existe supervisión humana sobre los resultados?
  43. ¿Tenemos documentadas la formación, las autorizaciones y las medidas adoptadas?
  44. Si la empresa no puede responder con seguridad, no significa necesariamente que haya ocurrido un incidente: significa que existe una zona de riesgo que todavía no está bajo control.

    Preguntas frecuentes sobre Shadow AI

    ¿Utilizar ChatGPT en el trabajo es siempre Shadow AI?

    No. Depende de si la empresa conoce y ha evaluado su utilización, ha definido las condiciones de uso y ha informado o formado a los empleados. El uso con cuenta personal, sin autorización y con información corporativa sí constituye un caso claro de Shadow AI.

    ¿Cómo puedo saber qué IA utilizan mis empleados?

    Mediante entrevistas o cuestionarios por departamentos, revisión de aplicaciones e integraciones, análisis de cuentas corporativas, extensiones, contrataciones y procesos de trabajo. Ninguna fuente aislada ofrece una visión completa.

    ¿Es suficiente con tener una política de uso de IA?

    No. La política debe apoyarse en un diagnóstico, un inventario de herramientas, formación adaptada, evaluación de proveedores y revisiones periódicas.

    ¿Debo prohibir que los empleados introduzcan datos en herramientas de IA?

    Deben definirse categorías claras de información permitida, restringida y prohibida. La decisión dependerá de la herramienta, las garantías del proveedor, la finalidad y la sensibilidad de los datos.

    ¿Una pyme también necesita controlar el Shadow AI?

    Sí. El tamaño reducido no impide que se utilicen datos personales, información comercial o documentación confidencial. Las medidas se adaptan al tamaño y complejidad, pero debe existir un control proporcionado.

    ¿Cada cuánto debe actualizarse el inventario de herramientas de IA?

    Debe revisarse periódicamente y siempre que se incorpore una nueva aplicación, se active una función de IA, cambien las condiciones del proveedor o aparezca un nuevo uso empresarial.

    Del uso invisible a una IA gobernada

    La inteligencia artificial puede mejorar la productividad, automatizar tareas y ayudar a tomar mejores decisiones, pero para aprovechar esas ventajas la empresa necesita conocer cómo se está utilizando realmente. Shadow AI no se resuelve bloqueando aplicaciones ni redactando una prohibición general: la solución empieza por identificar, evaluar, formar y supervisar.

    En SYRA360 ayudamos a diagnosticar el uso real de la inteligencia artificial, elaborar el inventario de herramientas, definir políticas y protocolos internos, evaluar riesgos y proveedores y formar a los empleados para un uso seguro y responsable.

    **¿Sabe qué herramientas de IA están utilizando hoy sus empleados y qué información están introduciendo en ellas?** Si no puede responder con certeza, es el momento de realizar un diagnóstico. Contacte con SYRA360.

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    Equipo Consultor

    Consultores de Seguridad e Inteligencia

    Especialistas en auditoría de seguridad corporativa, analítica predictiva de IA y cumplimiento regulatorio europeo (AI Act, NIS2, ENS).

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